viernes, 25 de diciembre de 2009

¿DEL ESTADO DE BIENESTAR AL PLURALISMO DEL BIENESTAR?

Los diferentes actores

Para comprender en toda su extensión la iniciativa social tenemos que analizarla en su contexto, no de una forma aislada y ello supone que no podemos olvidar a los otros dos actores con los que mantiene relaciones y que se influyen mutuamente.  Como plantean algunos teóricos “en caso contrario estaríamos hablando de un voluntariado utópico, fantasmagórico, alejado en exceso de la realidad que lo circunda” (Gutiérrez, 1997)[1].  Los actores que participan en esta representación son:

Iniciativa privada (Mercado): Comprende las entidades que desarrollan actividad con ánimo de lucro.  Se mueve por la dinámica empresarial del mercado, servicios y prestaciones “se cobran”, no para cubrir los costes, sino para obtener beneficios.  Se responsabiliza del crecimiento económico.

Iniciativa pública (Estado): 

Esta formada por las Administraciones públicas, los organismos autónomos y las empresas publicas.  Financiada con fondos públicos a través de las distintas Administraciones en favor de todos los ciudadanos.  Se responsabiliza de una distribución más adecuada de recursos, asegurando el crecimiento y procurando corregir los efectos perversos del Mercado.

Iniciativa social (Asociaciones, ONG, Movimientos ciudadanos): 

Engloba numerosas asociaciones y entidades sin animo de lucro y con un carácter no gubernamental.  Para traducir sus características a positivo podemos hablar en vez de no gubernamental y sin ánimo de lucro, de voluntariedad, sociedad civil (Cabra de Luna y de Lorenzo, 1993)[2] y mejora de la calidad de vida (Pérez Díaz, 1992)[3].




La iniciativa social dependiendo de los autores y de los diferentes objetos de estudio puede denominarse tercer sector[4], tercer sistema, tercera dimensión, sector independiente, economía social, organizaciones no gubernamentales, organizaciones no lucrativas, sector caritativo, sector intermedio, sector voluntario, sociedad civil.  Además nos encontramos las más diversas definiciones, que difieren en algunos casos significativamente, variando considerablemente el tipo de organizaciones que lo conforman.

La iniciativa social se enfrenta con los fallos que el mercado presenta y con sus efectos no deseados que impiden una asignación equilibrada de recursos, actuando como correctores de las leyes que tradicionalmente lo definen: interés individual, exclusividad y oferta-demanda.  Ante el Estado aparecen como grupos de transformación social por un lado limitando su poder y por otro desarrollando sus potencialidades.  Son grupos en los que destaca la mediación Estado-Sociedad, la sensibilización ciudadana y la dinamización del tejido social.  Podemos decir que el Estado produce bienes públicos, el Mercado bienes privados y el tercer sector bienes relacionales colectivos[5], siendo una economía del compartir (Donati, 1997)[6], por lo que el tercer sector produce bienes relacionales, primarios y colectivos.

Los diferentes escenarios

Pueden producirse diferentes relaciones que darán lugar a distintos escenarios, dependiendo del sector en el que recaiga un mayor protagonismo. (Kramer, 1981)[7]:

Reprivatización.  

Deja en manos de la iniciativa social y del mercado la prestación de servicios.  Se basa en la libre competencia, pensado que favorece que se den mejores servicios y se mantendrán las organizaciones que sean más eficaces, ya que serian las elegidas por los “clientes”.  En este supuesto las organizaciones serian alternativas al Estado.  Mercado e Iniciativa Social entrarían en libre competencia.

Refuerzo de la iniciativa social.  

Se refuerza el papel de la iniciativa social asumiendo el protagonismo, actuarían como empresas de servicios.  El papel de las organizaciones seria sustitutivo del Estado.  A diferencia del modelo anterior no se refuerza el papel del Mercado.

Colaboración pragmática.  

Este modelo se basa en subvenciones a las organizaciones sin ánimo de lucro y a aquellas que prestan servicios.  Recibirían más subvenciones aquellas organizaciones más eficaces, de esta manera se generaría competencia por mejorar la calidad del servicio para recibir más recursos.

Monopolio del sector público.  

Sólo el Estado está capacitado para administrar el bienestar de los ciudadanos y para la prestación de servicios.  Todos los servicios son realizados por el Estado, de este modo se garantizaría su adecuada distribución entre aquellos que realmente lo necesitan.  Las asociaciones estarían subordinadas al Estado.

Nacionalización.  

Se nacionalizan los servicios de las organizaciones para cumplir una función publica.

Sin duda, las diferentes formas de relación desempeñan un papel central a la hora de concebir los distintos patrones asociativos (Alemán y García; 1999)[8] y estos no pueden ser ignorados si queremos comprender adecuadamente la iniciativa social.



El Estado de Bienestar

Con la crisis de Wall Street de los años 30 se comienza a pensar que el Mercado por sí solo no garantiza la adecuada distribución de recursos y un crecimiento económico equilibrado, y por tanto, que el Estado debe intervenir en la distribución de los recursos y la renta[9].  Después de la Segunda Guerra Mundial se produce un importante crecimiento económico, acompañado de una fuerte presión social para distribuir la renta y la riqueza.  Además, la progresiva implantación del sufragio universal y el clima de consenso alcanzado (González y Torres, 1992)[10] hace que el Estado por primera vez pase a ser el protagonista absoluto de la protección social.  Mientras antes se trataba de proteger a la sociedad de la avaricia del Estado, a partir de este momento se invierten los papeles y se trata de proteger a la sociedad a través de la acción del Estado (Cerdeira, 1989)[11].



La implantación del Estado de Bienestar parecía dejar prácticamente la resolución de los problemas y conflictos en manos del Estado: es decir su protagonismo y consolidación como único sistema de acción adecuado para satisfacer las necesidades de los ciudadanos.  Esto hace que este tipo de Estados se caracterice por un constante aumento de su estructura, elevado gasto social en proporción al P.N.B. y un importante desarrollo del sector público.  El Estado de Bienestar propicia los siguientes cambios:

La introducción y ampliación de una serie de servicios sociales entre ellos la seguridad social.

Mantenimiento del pleno empleo como objetivo político primordial.

Nacionalización de servicios fundamentales.





Para lograr estos objetivos el Estado de Bienestar se basa en una industrialización sostenida, un aumento del sector servicios y en el desarrollo de las clases medias.  Sus fundamentos son relativamente sencillos, por un lado se produce un reconocimiento de que cada miembro de la comunidad debe tener un mínimo nivel de vida y para ello se responsabiliza de una serie de servicios (educación, vivienda, servicios sociales, seguridad social, etc.).  Por otro, se compromete a mantener una estabilidad económica, tratando de controlar los ciclos de crisis de la economía mediante su intervención a través de programas públicos.  Finalmente se compromete al pleno empleo como uno de sus principales aspectos (Mishra, 1989)[12].

Este modelo que funcionó en los países occidentales, entra en crisis en los años 70, ya que fallan algunos de los supuestos sobre los que se sustentaba.  Como acertadamente plantean algunos autores (Yuste, 1995)[13]: “Quienes como lord Beveridge, crearon hace 50 años el sistema de Welfare pensaron en una situación de crecimiento económico sostenido, de pleno empleo, y en unas sociedades relativamente jóvenes, de tal forma que el número de los cotizantes fuera siempre muy superior al de los pensionistas.  Así salieron las cuentas durante muchos años.  Lo malo ha empezado cuando el crecimiento se ha estancado, cuando el paro en Europa ha alcanzado tasas inconcebibles hace unos pocos lustros y cuando la medicina moderna y la planificación familiar han aumentado sensiblemente la edad media de nuestras sociedades”.  Además, los diferentes grupos sociales realizan constantemente peticiones a los Estados de nuevos servicios de un modo ilimitado, mientras que la oferta que puede realizarse es siempre limitada (George y Wilding, 1976)[14] especialmente por que ninguno quiere pagar nuevos impuestos o incrementos sobre los antiguos (O´Connor, 1981)[15].  Esto provoca, durante un cierto periodo, que el Estado incremente progresivamente los servicios, creando a su vez cada vez más expectativas de servicios en la población, hasta que es incapaz de hacerlo sin aumentar los impuestos.  Este incremento de impuestos en un primer momento no es del todo mal recibido ya que se compensa con más prestaciones, pero llega un momento en que se alcanza un “techo psicológico”, en donde el ciudadano considera insoportable la presión fiscal y aparece resistencia al aumento de impuestos, por lo que los servicios no pueden incrementarse indefinidamente.



La crisis del Estado de Bienestar

Lo cierto es que el modelo se mostró incompleto y entra en crisis, por ello, en un intento de disminuir la sobrecarga a que se ve sometido, el Estado pretende reducir servicios, desviando el máximo posible al campo del mercado, desmontando los servicios públicos y restaurando los mecanismos de libre competencia.  En la actualidad se habla al menos de tres elementos básicos que llevaron a la crisis: los problemas económicos, los problemas de gobierno y los problemas fiscales, que se combinan para crear una crisis de legitimidad.

Problemas económicos:

Crisis económica de 1973.

Bajas tasas de crecimiento económico.

Aumento del desempleo.

Disminución de las tasas de inversión.

Problemas de gobierno:

Sobrecarga del Estado.
Problemas de crecimiento.
Crecimiento administrativo y burocrático.
Creciente complejidad.
Debido a su enorme tamaño, dificultades de coordinación y control.
Problemas fiscales:

Falta de equilibrio entre el gasto en servicios para el ciudadano y, su disposición a pagar por estos en forma de impuestos por el aumento de las necesidades sociales al producirse la crisis económica y el aumento del paro.

Los gobiernos comienzan a ser impopulares, sobre todo cuando adoptan la medida de aumentar impuestos para mantener las mismas prestaciones.




A pesar de estos problemas el Estado de Bienestar ha logrado importantes avances, que en ocasiones al hablar de su crisis son olvidados o poco valorados.  Quizás, el más importante, es la institucionalización de los derechos sociales, es decir, el derecho de todo ciudadano, por el hecho de serlo, a recibir determinadas prestaciones y servicios (González y Torres, 1992)[16], que garanticen “desde un mínimo de bienestar económico y de seguridad hasta el derecho de compartir la herencia social y vivir la vida de un ser civilizado de acuerdo con los niveles prevalentes de la sociedad” (Marshall, 1963)[17].  Derechos, prestaciones y servicios que cada vez son mas puestos en duda desde determinados ambitos.

Siguiendo a García Roca (García, 2001)[18] dependiendo de la opción ideológica, podemos encontrarnos con diferentes posturas ante la iniciativa social:

Para el modelo conservador la familia es el elemento fundamental y el principal elemento de distribución de bienes y servicios.  Si la familia funciona adecuadamente todo lo demás sobra.

Para el modelo liberal el Estado de Bienestar es visto con desconfianza.  Las organizaciones sirven como elementos para desmantelar los sistemas de protección, y se considera que estas pueden satisfacer mejor la demanda.  Las organizaciones actúan como prestadoras de servicios.

Para el modelo socialdemócrata las organizaciones son útiles mientras no llegue el estado y no se puedan cubrir las necesidades a través de las administraciones.  Esto hace que la iniciativa social tenga un carácter instrumental sometidas a través de subvenciones.

Para la nueva izquierda la pluralización de los servicios de bienestar es necesaria no solo por la insuficiencia del Estado para atenderlos, sino por la propia naturaleza de las necesidades sobre las que se actúa.

Un planteamiento similar es el desarrollado por Anheier (1999)[19] que dentifica cuatro modelos de gobierno y analiza el papel y la importancia del tercer sector:



Debate en torno al Estado de Bienestar

En España esta crisis llega más tarde, ya que no existía un autentico Estado de Bienestar hasta la década de los 80 (Sin embargo, curiosamente algunos teóricos del voluntariado hablan de la crisis del Estado de Bienestar español a mediados de los años 80 cuando en realidad se encontraba en plena expansión, quizás por la reproducción mimética de textos anglosajones).  Cuando los gobiernos democráticos se plantean la implantación de un Estado de Bienestar se realiza desde una concepción estatal.  Por ello, el incremento en la proporción del gasto público sobre el Producto Interior Bruto que se duplicó en menos de dos décadas, alcanzando hoy cerca del 50 por 100, se debió muy especialmente a la vertiginosa evolución del Estado de Bienestar.  Esa estatalización de toda forma de intervención, puede ser uno de los factores que expliquen, el importante retroceso del asociacionismo en la década de los 80.  Con un Estado en rápida expansión el poco organizado movimiento asociativo se va retirando progresivamente, quedando condenado a un papel residual.

Actualmente, la crisis del Estado de Bienestar se puede percibir también en nuestro país.  Se pueden apreciar sus efectos en el recorte de prestaciones sociales, o al menos en su intento, y en el inicio de procesos de privatización.  Se aumentan los tiempos de cotización para recibir determinadas prestaciones, se cuestiona el actual sistema de pensiones (a pesar del Pacto de Toledo para lograr su garantía y se habla de su complemento con fondos privados) desde el sector privado por falta de ingresos suficientes, se plantean privatizaciones de prestaciones sanitarias, el pago de servicios públicos hasta la fecha gratuitos, se reducen las prestaciones por desempleo, etc.

Pero la critica al Estado de Bienestar llega desde amplios sectores, no sólo se ataca su gasto desproporcionado, sino su supuesta ineficacia, su utilización política o los efectos perniciosos de algunas de sus prestaciones desde editoriales de periódicos con argumentos como “El seguro de paro, por otra parte, puede tener una influencia negativa en la búsqueda de empleo por parte del parado”[20] (La editorial no entra en el análisis de los efectos perniciosos del paro de larga duración sin prestaciones por desempleo, o la influencia de las pensiones por debajo del salario mínimo en la salud de la tercera edad).  Incluso se llega a decir que las prestaciones por desempleo favorecen el aumento del paro.

Otros realizan defensas ardientes, aunque posiblemente mezcladas con tintes electorales: “¿Es una opinión irracional?.  En absoluto.  Las gentes que así pensamos, lo hacemos sobre bases racionales sólidas.  Sería ocioso relatar el cúmulo de razones humanitarias o de simple sentido común que claman en favor de mantener los mecanismos que permiten a millones de personas no caer en la miseria material o moral.  Que permiten que Europa sea el espacio donde la dignidad y el progreso se han asentado de la manera más excelente en toda la historia de la humanidad.  Desde esta perspectiva los hipotéticos costes del Estado de Bienestar son infinitamente más livianos que los costes del no Estado de Bienestar” (Cercas, 1995)[21].

Algunos adoptan una posición más intermedia y plantean limitaciones al Estado de Bienestar como formula de llegar realmente a los colectivos más desfavorecidos, disminuyendo las prestaciones a la población en general: “Este traspaso masivo desde la sociedad hacia el Estado es el arma letal que puede llegar a bloquear las prestaciones públicas a los grupos de ciudadanos que verdaderamente necesitan ayuda de la colectividad para hacer frente a las circunstancias adversas en que se encuentran.  Y esta sería la peor de las soluciones posibles, la que vendría a menoscabar la función tutelar que es propia del Estado contemporáneo respecto de los grupos sociales más desfavorecidos”(Yuste, 1995)[22] .  Quizás, en este supuesto, deberíamos preguntarnos si las clases medias, que son las que mantienen estos servicios, estarán dispuestas a seguir sufragándolos con elevados impuestos, si saben que no van a poder tener acceso a ellos.  Como vemos el debate esta abierto y posiblemente en los próximos años seguirá sin encontrarse una solución que satisfaga a todos.

El Pluralismo de Bienestar como alternativa

Como acertadamente plantea Cabra de Luna “...lo que es bien cierto es que nadie sostiene en la actualidad que la actividad estatal puede llegar a todas las áreas comunitarias, sino más bien el razonamiento más extendido es que este hecho no es ni positivo ni conveniente [...].  La alternativa a la crisis del Estado providencia sólo tiene sentido si se inscribe en un triple movimiento que consiste en reducir la demanda del Estado, reintegrar la solidaridad a la sociedad y producir una mayor transparencia social” (Cabra de Luna, Miguel Ángel, 1998)[23].  Por ello, no debemos pensar que la crisis del Estado de Bienestar lleva sin más a una transferencia de servicios y a su sistemático desmantelamiento, sino a una reestructuración del Estado de Bienestar (Rodríguez Cabrero, 1991)[24].  La crisis ha dado lugar a un replanteamiento tanto del papel del Estado, como del Mercado como de la Sociedad Civil tendiéndose hacia una gestión pluralista del Estado de Bienestar (Johnson, 1990)[25], hacia la corresponsabilidad social (Giner y Sarasa, 1995)[26] o la responsabilidad compartida Estado-Sociedad (Unión Europea, 1994)[27].




Estas posturas plantean compartir el bienestar entre el Estado, el Mercado y la Iniciativa Social con el objetivo de la extensión de los derechos sociales, su personalización y la promoción de la participación social en su gestión, y ello supone, la democratización del Estado y la reconstrucción de la sociedad civil.  El Estado juega en este contexto un papel menos dominante, no siendo ya de este modo el único instrumento posible para dar una provisión colectiva de servicios sociales de bienestar aumentando por consiguiente progresivamente el papel de la Iniciativa Social y del Mercado.  En definitiva “se trata de devolver a la sociedad lo que en justicia le corresponde y de poner las bases para que la persona se desarrolle libremente [...] caminar a un mayor compromiso de los poderes públicos en la lucha contra la pobreza y la marginación en permanente colaboración con los agentes sociales” (Rodríguez-Arana, 1996)[28]

Siguiendo esta línea Ascolí plantea “Si queremos superar la crisis del estado social, la crisis del Estado de Bienestar, deberemos plantearnos el siguiente objetivo: el problema es político y cultural a la vez, hay que formar una nueva cultura civil en la cual el individuo debe tener derecho a las mismas oportunidades de los otros ciudadanos, pero debe también aportar a la comunidad” (Ascolí, 1989)[29].

El Pluralismo de Bienestar: papel de la Iniciativa Social

Ahora bien, no se trata simplemente que la Iniciativa Social recoja sin más todo aquello que el Estado va tirando por la borda para poder seguir navegando y no irse a pique.  Esto supondría una utilización interesada que no modificaría el origen de los problemas (Renes, 1990)[30], volviendo las asociaciones a ocupar un papel asistencialista o caritativo, o de empresas encubiertas (Alonso, 1997)[31], siendo también un gran error plantearla como una alternativa al Estado de Bienestar (Etzioni, 1996)[32] ya que por si sola no puede hacer más que aquel.  Es en la corresponsabilidad social, donde cada sector actúa contribuyendo a la mejora del Estado de Bienestar, donde la Iniciativa Social encuentra un amplio espacio de actuación.  Espacio que debe asumir, que le corresponde por derecho propio y que en los últimos años le ha sido negado.  Es evidente que este nuevo espacio de participación - o esta recuperación del espacio - no es una concesión gratuita, sino una “retirada estratégica” del Estado ante demandas que no puede cubrir.  Ante esta situación en algunos sectores puede existir la tentación de una vuelta hacia ideologías liberales, en donde el Mercado estaría llamado a cubrir ese espacio que poco a poco es abandonado por el Estado, presentado al Mercado como el sector que debe coger la “bandera del bienestar” por su probada eficacia y rentabilidad, en detrimento del papel de la Iniciativa Social.  No podemos olvidar que el mercado capitalista también realiza una inadecuada asignación de recursos, ya que el propio capitalismo genera desequilibrios que impiden su correcta distribución, además existe una imposibilidad de autorregulación del mercado (Galbraith, 1980)[33] .  Por ello, ahora más que nunca, ante ese canto a lo “privado” habría que resaltar al menos tres campos en los que el Mercado es claramente peligroso (Sáenz de Buruaga, 1994)[34]:

El Mercado ideal es irreal, los protagonistas de los Mercados, las empresas, perpetúan en sus organizaciones y mecanismos de toma de decisiones los mismos sesgos despóticos que el Estado.

La expansión global de la economía no ha producido una “aldea global”, sino una sociedad crecientemente fragmentada y de múltiples velocidades, donde las desigualdades sociales se acrecientan aunque exista desarrollo económico.

En el medio ambiente el Mercado muestra su mayor “rapacidad” llevándonos a consecuencias graves y conocidas por todos por primar los rendimientos a corto plazo.

Es el momento de reivindicar el papel de la sociedad civil, de la iniciativa social como una forma adecuada y valida de las sociedades para contribuir a la mejora del bienestar.  Como una forma de poner en primer lugar los valores de solidaridad, de considerar a la persona como objetivo de la acción y como mecanismo de control del Estado y del Mercado por parte de los ciudadanos.  Es con este “Bienestar compartido” como realmente podremos salvar entre todos el Estado de Bienestar.  Ahora bien, no se trata de asumir sin más aquellos espacios que abandona el Estado o que no son suficientemente rentables para el Mercado, sino de “compartir”, y en este compartir, entre otros aspectos, lleva consigo un reparto de responsabilidades real y de toma de decisiones en los aspectos que los afecten.



Lo cierto es que todos tenemos una responsabilidad, e independientemente de los debates que se produzcan y de su vialidad no o no, los españoles mayoritariamente apoyan su continuidad.  Según el eurobarómetro de noviembre de 1993, un 93 % de los españoles considera que es un logro fundamental, al que en ningún caso hay que renunciar; según otras encuestas el 55% considera que el Estado es responsable del bienestar de todos y cada uno de los ciudadanos y que tiene la obligación de ayudarles a resolver sus problemas, un 33% que sólo tiene responsabilidad frente a los más desfavorecidos y únicamente un 7% que son los ciudadanos responsables de su propio bienestar (CIRES, 1994)[35].

Dos aspectos íntimamente ligados al pluralismo del bienestar, y que no pueden olvidarse, son la descentralización y la participación.  La descentralización no implica solamente poner el énfasis en el gobierno local, transfiriendo competencias a los ayuntamientos, sino que estos a su vez deben descentralizar funciones y decisiones a la iniciativa social.  Sólo en un sistema descentralizado la gente sé vera capacitada para participar.  Únicamente en unidades pequeñas la gente será capaz de influir sobre la política y la distribución de servicios.  Con la participación, los ciudadanos se sentirán responsables de su bienestar en particular y del de la sociedad en general.  Bajo estos supuestos el sector asociativo seria el campo ideal para la participación, por ello, debería verse ampliado de forma considerable y progresiva en los próximos años, posiblemente a costa del Estado, asumiendo cada vez más responsabilidades y campos de actuación.

Para lograr este pluralismo del bienestar es necesario que los ciudadanos asuman de un modo solidario, con todo interés, la consecución de fines públicos.  Y esto implica realizar un enorme esfuerzo en iniciativa, imaginación y creatividad en el servicio de esos fines colectivos, excepcional en su alcance e integración social que estas iniciativas determinan (García de Enterría, 1992)[36].  En ningún momento el pluralismo del bienestar pretende que desaparezca la acción social del Estado, pero este debe tener como uno de sus objetivos impulsar y favorecer la organización de los grupos sociales.  Se produce de este modo un hecho paradójico, el Estado debe potenciar movimientos reivindicativos hacia sí mismo y al mismo tiempo las asociaciones deben presionar a la Administración para que facilite los recursos que hagan posible su existencia (Solís, 1994)[37].  Se trataría de este modo que a través de la participación de los ciudadanos en la Iniciativa Social, el Estado asuma eficazmente los intereses sociales de las clases más populares y desfavorecidas (Pascual, 1987)[38].

Debemos tener en cuenta que la incidencia de la crisis sobre la iniciativa social no es halagüeña.  La crisis no genera solidaridad ciudadana, sino individualismo y descomposición del tejido social, no aumenta la organización para lograr un cambio social, sino hacia el “sálvese quien pueda” y el “buscarse la vida”.  Aunque algunos autores (Giner y Sarasa, 1995)[39] creen que la proliferación y auge de las asociaciones tiene una estrecha relación con la caída del empleo en los países desarrollados, ya que una población desempleada pero deseosa de estar activa podría volver sus ojos hacia la participación en asociaciones.  Si recapacitamos un poco, y no siendo excesivamente mal pensados, resulta cuanto menos sorprendente que cuando aparece la crisis económica, se producen las restricciones del gasto público y se ponen en cuestión los pilares mismos del Estado de Bienestar resurja un sospechoso interés por el voluntariado y el papel de las ONG, que no se da en tiempos de bonanza económica.  ¿Estará detrás de todo que las ONG asuman aquellas áreas que comenzara a abandonar el Estado?.  Quizás no sea casualidad que esto ocurra precisamente, no en momentos de despegue económico, sino cuando la sociedad occidental se encuentra en una profunda crisis, que conducirá a un profundo cambio de estructuras en los próximos años.

Como plantea Donati (Donati, 1997)[40]: “La sociedad civil que deberá reformar el Welfare State es una sociedad hecha de hombres libres y responsables, iguales y solidarios, que trabaja en el silencio laborioso de una vida cotidiana vista como continuo desarrollo ético a las propias capacidades autónomas de respuesta”.  Por tanto, el desarrollo social de la Unión Europea del siglo XXI, esa Europa social que todos deseamos, frente a la omnipresente “Europa de los Mercaderes” debe pasar por un adecuado desarrollo de la sociedad civil en el área del bienestar social.  Sólo así, con la participación de la sociedad civil en la corresponsabilidad social podremos mantener un Estado de Bienestar para todos, sino, únicamente estaremos hablando de una utopía difícil de alcanzar.

[1] GUTIÉRREZ RESA, ANTONIO: "Estado, Mercado y Sociedad Civil", en Boletín de Estudios y Documentación nº 6.  Madrid 1997.
[2]CABRA DE LUNA, MIGUEL ÁNGEL Y DE LORENZO GARCÍA, R.: "La constelación de las entidades no lucrativas : el tercer sector" en <>, Escuela Libre Editorial.  Colección Solidaridad, Madrid 1993.
[3]PÉREZ DÍAZ: "Hacia una nueva Ley de Fundaciones".  Fundación Marcelino Botín.  Madrid 1992.
[4] El termino tercer sector fue introducido por Etzioni en 1973 para definir un espacio diferente al de las empresas y al de la administración.
[5] Donati considera bien relacional aquel que solamente puede ser producido y disfrutado conjuntamente por aquellos que son los mismos productores y usuarios a través de las relaciones que conectan a los sujetos participantes
[6] DONATI, PIER PAOLO: "La crisis del Estado Social y la emergencia del tercer sector: hacia una nueva configuración relacional". En Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, nº 5, Madrid 1997
[7]KRAMER: "Voluntary Agencies in the Welfare States".  Universisty of California Press. 1981.
[8] ALEMAN BRACHO, CARMEN Y GARCÍA SERRANO, MERCEDES:  “Fundamentos de Bienestar Social”. Tirant  lo Blanch, Valencia 1999.
[9]Para un análisis de la aparición y desarrollo del Estado de Bienestar en algunos países occidentales véase ASHFORD, DOUGLAS E.: "La aparición de los Estados de Bienestar". Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Madrid 1989.
[10]GONZÁLEZ TEMPRANO, ANTONIO Y TORRES VILLANUEVA, EUGENIO: "El Estado de bienestar en los países de las OCDE". Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.  Madrid 1992.
[11] CERDEIRA GUITIERREZ, ISABEL : “El discurso del Bienestar”.  Serie libros. Comunidad de Madrid. Madrid 1989.
[12]MISHRA, R: "El Estado de Bienestar después de la crisis: los años ochenta y más allá" en <> Alianza, Madrid 1989.
[13]YUSTE, JOSÉ LUIS: "¿Bienestar en la crisis?".  El País, 29 de marzo de 1995.
[14] GEORGE, VIC Y WILDING, PAUL : “Ideology and social Welfare”. Routledge and Kegan Paul. Londres 1976.
[15] O´CONNOR, J : “La crisis fiscal del Estado de Bienestar”.  Península, Barcelona 1981.
[16]GONZÁLEZ TEMPRANO, ANTONIO Y TORRES VILLANUEVA, EUGENIO: "El Estado de bienestar en los países de las OCDE". Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.  Madrid 1992.
[17] MARSHALL, T. H. : “Sociology at the crossroads and other essays”.  Heineman, London, 1963.
[18] GARCIA ROCA, XIMO: “El voluntariado en la sociedad del Bienestar”, en <<2001 repensar el voluntariado>>.  Documentación Social, Enero- Marzo 2001.
[19] Anheier, Salomón (1998): “International Comparative Study on the non-profit sector”.  Jonh Hopkins University, USA 1998.
[20]Editorial de Diario 16 "Que Estado del Bienestar" del 9 de Enero de 1995.
[21]CERCAS ALONSO, ALEJANDRO: "¿Qué Estado de Bienestar?".  Diario 16, 21 de enero de 1995.
[22]YUSTE, JOSÉ LUIS: "¿Bienestar en la crisis?".  El País, 29 de marzo de 1995.
[23] CABRA DE LUNA, MIGUEL ANGEL: "El tercer sector y las fundaciones de España hacia el nuevo milenio.  Enfoque económico, sociológico y jurídico".  Escuela Libre Editorial.  Colección Solidaridad.  Fundación ONCE, Madrid 1998.
[24]ROGRIGUEZ CABRERO, GREGORIO: "La división social del bienestar: posibilidades y limites de la gestión mixta del Estado de Bienestar", en <>. Economistas Nº 51. Madrid 1991.
[25]JOHNSON, NORMAN: "El Estado de Bienestar en transición. La teoría y práctica del pluralismo de bienestar". Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Madrid 1990.
[26] GINER, SALVADOR Y SARASA, SEBASTIAN : “Altruismo cívico y política social”. En <> Nº 61 Otoño 1995.
[27] "Libro Blanco sobre la Política Social Europea: un paso adelante para la Unión" COM (94), Bruselas 1994.
[28] RODRIGUEZ-ARANA, JAIME: “Sobre las ayudas sociales” en Expansión, 24 de enero de 1996
[29]ASCOLI, HUGO: "Estado de bienestar y acción voluntaria", en <>. Cruz Roja Española. Vitoria 1989.
[30]RENES, V.: "Campos de intervención del voluntariado". Cuadernos de la Plataforma, Nº 13. Plataforma para la Promoción del Voluntariado en España. Madrid 1990.
[31] ALONSO BENITO, LUIS ENRIQUE: "El papel del Sector Público en la provisión de servicios sociales: socialización, liberalización, privatización", en Boletín de Estudios y Documentación nº 6. Madrid 1997.
[32] ETZIONI, AMATI, declaraciones a El País, 7 de febrero de 1996.
[33] GALBRAITH, J.K. : “El nuevo estado industrial”.  Ariel, Barcelona 1980.
[34]SÁENZ DE BURUAGA, GONZALO: "El vaciamiento por el Mercado del Estado de Bienestar" en <>, año X, número 31, primavera-verano de 1994.
[35]Encuesta sobre demandas sociales realizada por el Centro de Investigación sobre la Realidad Social (CIRES) en 1994.
[36]GARCÍA DE ENTERRÍA, EDUARDO:  "Constitución, fundaciones y Sociedad Civil", en <>. Monografías Civitas.  Fundación ONCE. Madrid 1992.
[37] SOLÍS DE OVANDO SEGOVIA, RENÉ : “Reflexiones en voz alta sobre asociaciones ciudadanas y municipios : una cuestión de voluntad política y de participación social” en <>, 1994 Vol III, Nº 9.
[38]PASCUAL ESTEVE, J.M.: "Crisis y nueva política social en España".  Editorial Hacer. Barcelona 1987.
[39] GINER, SALVADOR Y SARASA, SEBASTIÁN: “Altruismo cívico y política social” en <> Nº 61, otoño 1995.
[40] DONATI, PIER PAOLO: "La crisis del Estado Social y la emergencia del tercer sector: hacia una nueva configuración relacional". En Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, nº 5, Madrid 1997


Fuente: http://www.iniciativasocial.net/pluralismo.htm

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